Persecución

10 gener 2010

¡Joder!

¿Por qué siempre huyen corriendo? ¡Ahora voy a tener que seguirle hasta dondequiera que este yendo!
Está malherido, así que su rastro es fácil de seguir. No va a poder esconderse de mí. Y además no va a poder aguantar mucho tiempo corriendo. Es una suerte, porque de no ser así, no podría alcanzarle nunca. Estos bichos son muy rápidos.

Voy a alcanzarle y recuperar esos documentos que ha robado. Si no lo consigo el imperio podría tener problemas, y además seguro que me ascienden por esto.

¿Hasta cuándo va a seguir corriendo? Sabe perfectamente que acabaré alcanzándole, sólo está retrasando lo inevitable.

Se ha metido en una cueva. ¿Quiere esconderse? No, sabe que puedo seguir su hedor sin problemas, y más aún con esas heridas. No se esconde, lo que quiere es tenderme una trampa. Esos monstruos ven muy bien en la oscuridad, así que dentro de esa cueva tendrá ventaja.

¿Debería entrar y caer en su trampa o espero a que lleguen refuerzos? No puedo esperar a los refuerzos, los suyos están más cerca, y yo solo no podré enfrentarme a más de uno a la vez.

Entraré, pero debo ir con cuidado. Aunque soy más fuerte que él, sus afiladas garras podrían acabar conmigo en un momento. Y además cuenta con el factor sorpresa. Debo prepararme, seguramente me atacara desde arriba, apuntando al cuello para matarme rápidamente sin darme tiempo para reaccionar. Cojo firmemente mi bastón, preparándome para ser atacado en cualquier momento.

Siento que me estoy acercando a dónde está: su olor es cada vez más fuerte. La oscuridad es tal que ya no puedo ver absolutamente nada, debo avanzar con mucha cautela para no tropezar con nada. Si cayese al suelo le daría una oportunidad perfecta para acabar conmigo.

Le oigo saltar y siento como sus garras se hunden en mi cuello. Trazo una arco hacia arriba con mi cayado y noto como le doy a algo justo antes de desplomarme al suelo.

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Huída

5 gener 2010

Huyo.

Es lo único en lo que puedo pensar. Debo huir.

Debo huir si quiero conservar mi vida.

Corro por el bosque a toda velocidad, sorteando obstáculos y esquivando raíces. Soy más rápido que mi perseguidor, y en circunstancias normales no me resultaría difícil esquivarlo. Pero no podré mantener este ritmo mucho tiempo, no con estas heridas. Tampoco puedo esconderme, pues mis heridas están dejando un rastro fácil de seguir. Y mi acosador es un rastreador experto.

No puedo dejar que recupere los documentos que llevo, las vidas de muchos de mis hermanos han sido sacrificadas para poder obtenerlos, y muchas otras vidas se salvarán si llegan a su destino.

Mi única posibilidad es tenderle una emboscada. Recuerdo que cerca hay una cueva, en la que podría esconderme y esperar a su llegada, acechando desde la oscuridad.

La oscuridad. Mi aliada. Nunca me ha fallado. Nunca me fallará. Cuando me he sentido amenazado, siempre me ha protegido bajo su manto, y siempre he salido victorioso.

Ya veo la cueva. Me adentro en sus profundidades, sintiendo como la oscuridad me envuelve. Pronto soy incapaz de ver nada con mis ojos, así que los cierro y dejo que mis otros sentidos me guíen. Al fin encuentro un buen lugar donde esperar a mi acechador. Un lugar en el que puedo encaramarme al techo, desde donde podre atacarle con facilidad.

Preparo mis garras mientras espero su llegada. Al cabo de poco le oigo llegar. Oigo su respiración entrecortada. Está cansado, no está acostumbrado a correr tanto. Aun así, no debo subestimarle. Es más fuerte que yo, mi única oportunidad es matarlo de un solo golpe por sorpresa. Si no lo consigo, estoy acabado.

Debo apuntar al cuello, rajarle la garganta con mis garras. Cada vez está más cerca. Y lo sabe. Ahora ya no corre, sólo camina lentamente con cautela. Sabe que estoy cerca, puede sentir mi olor. Sabe que le estoy esperando y que si se descuida podría ser su final. El desenlace se acerca, el momento está a punto de llegar.

Me abalanzo sobre él con mis afiladas garras por delante. Todo ocurre en un instante. Mis garras atraviesan su cuello con gran facilidad, pero él ya se esperaba un ataque desde arriba. En un instante, antes de caer fulminado al suelo, blande su garrote y me asesta un brutal golpe en el abdomen. Creo que me ha roto varias costillas. Le oigo desplomarse, muerto.

Sé que voy a morir, mis heridas son demasiado graves. No puedo moverme, el solo hecho de respirar me produce un gran dolor. Pero me reconforta saber que lo he conseguido. Mis hermanos están cerca, llegarán antes que el imperio, y se llevaran los documentos con ellos.

Cuando el imperio llegue aquí lo único que encontrará será los cadáveres de uno de sus hombres y de uno de sus enemigos.